Las fluctuaciones están íntimamente ligadas a la suerte de corto plazo. En el ajedrez, por ejemplo, hay pocas fluctuaciones, porque la suerte casi no opina. En el póker, hay variedades en las que la suerte de corto plazo tiene mayor incidencia. La tasa de bad beatses un buen parámetro para medirlas. Que el hold ‘em sea un juego de grandes fluctuaciones, significará que en un momento estaremos en la cresta de la ola con el cashier abarrotado de lingotes, sintiéndonos invencibles, y en el otro, desparramados en la playa con la cabeza bajo la arena preguntándonos: ¿por qué el destino se ha ensañado conmigo?
Dentro del hold ‘em, se expondrá a fluctuaciones de mayor amplitud el que juegue sin límite, que el que lo haga fijo. En el sin límite, son mayores porque todo el dinero puede ir al pozo en cualquier momento. Esa es la mala. Pero la buena, deriva también de ahí. Como cuentan con el recurso de elegir el monto de las apuestas, los jugadores de jerarquía sabrán sacarle el máximo provecho y las utilidades serán superiores a las del fijo.
Estilo y categoría del jugador
Un jugador de jerarquía es aquel que apuesta con márgenes a favor y no agresivo, es el que apuesta fuerte. A mayor agresividad, mayores fluctuaciones. Mientras más amplio sea el margen, menores las fluctuaciones.
También se incluyen en el estilo del jugador, el monto de ingreso o profundidad del stack en las mesas de efectivo, valor de inscripciones y número jugadores en torneos. Todo lo que suben estas variables suben, asimismo, las fluctuaciones.



